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El halago debilita, ¿ si o no? Artículo de opinión de Vicente Cuairán

En más de una ocasión he escuchado la frase de que el halago debilita (e incluso también que la crítica fortalece). Durante un tiempo realmente me lo creí y pensé que eso era así y trataba de restar importancia a lo que mis jugadores/as hacían bien y me focalizaba más en lo que no hacían bien. Me di cuenta de que eso era un error y que aquello realmente no funcionaba. Todos necesitamos que nos digan aquello que hacemos bien. Todos necesitamos encontrar la recompensa por aquello que hemos realizado de manera correcta.

De la misma manera, todos necesitamos que nos digan aquello que hacemos mal para ser conscientes de ello y aprender a corregirlo.

La pregunta en ese momento era ¿Qué hay que halagar y qué partes no hay que halagar?

Y me di cuenta que, la mayoría de las veces, el énfasis del halago lo focalizábamos más en el resultado que en el proceso. “Es que le gana a todos”, “No pierde un partido”, “Lo hace todo perfecto”.

“Lo hace todo perfecto” sí, por que aunque parezca lo contrario esto es también hablar del resultado porque es el proceso global y eso es resultado.
Me di cuenta que los halagos cuando realmente debilitaban era cuando se proyectaban hacia el resultado. Halagar en exceso el resultado se traducía en jugadores/as incapaces de gestionar la frustración porque si sabían que si no obtenían el resultado nadie les iba a halagar ni a decir lo buenos y bonitos que son y ahí es cuando aparecían los enfados, los malos modos, las quejas, el lenguaje corporal negativo y las conductas disfuncionales. Así pues, era evidente que halagar el resultado no era una buena fórmula para desarrollar en nuestros jugadores/as los valores y las conductas que queríamos en pista.

Lo siguiente que intenté fue halagar el proceso independientemente del resultado. “Me gusta mucho tu capacidad para estar en calma”, “Me encanta como vas a la toalla a buscar soluciones”, “Que bien respiras la bola en el momento de impacto”:
Y ahí sí que comprobé que el halago era una manera perfecta de potencias el rendimiento de mis jugadores porque les focalizaba en el proceso lo que se traducía en jugadores que eran capaces de tolerar mucho mejor la frustración (porque si el resultado no era perfecto simplemente les hablábamos de cómo podían hacer el proceso de una manera más efectiva) que sabían que si se esforzaban y trataban de hacer aquello que sabían hacer o que estaban aprendiendo la gente les iba a reforzar independientemente del resultado y eso se traducía en jugadores/as mucho más tranquilos, con un lenguaje corporal mucho más positivo, mucho más activos y conectados y con una energía mucho más positiva fuese cual fuese el momento, dificultad o marcador del partido.

En conclusión sí que es verdad que el halago debilita pero solo cuando halagamos aquello que es te relacionado con el resultado, cuando halagamos aquello que está relacionado con el rendimiento, con el proceso, no solo no debilita si no que conseguimos jugadores mucho más motivados y comprometidos con la mejora y el aprendizaje.

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