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La importancia de aprender a aplazar las recompensas en el tenis (y en la vida) by Vicente Cuairán

Hay dos frases que me gustan mucho en relación a la importancia que tiene saber darle “tiempo al tiempo”.

La primera de las frases es de un poeta norteamericano del siglo XIX, Henry Wadsworth Longfellow, que decía que “Todo llega para el que sabe esperar”. La segunda de las frases es de una poetisa cubana, Jenniley Bonilla, que decía que “Hay quienes esperan condiciones, nosotros las creamos”.

Las dos por separadas ya me parecen bastante buenas, pero si las juntamos me parece que son todavía más potentes. Juntas podrían ser algo así como: “Todo llega para el que sabe esperar pero, mientras llega, voy creando las condiciones”.

Hoy en día vivimos en la era de la inmediatez, “del lo quiero ahora y lo tengo ahora”, “del lo tengo al alcance de un click”, información, compras, parejas… Cuando le cuento a mis jugadores/as que cuando era joven (allá por la década de los 80) y me mandaban, por ejemplo, un trabajo sobre Cristóbal Colón y les digo que tenía que ir (en el mejor de los casos) a la enciclopedia que había en casa para buscar esa información (y en
el peor de los casos) a la biblioteca, preguntar a la bibliotecaria por el libro, hacer la búsqueda en un fichero para encontrar la referencia del libro, encontrar esa referencia e ir a la estantería correspondiente para encontrarlo, leer la información que me interesaba y copiarla en una hoja (o en el mejor de los casos fotocopiarla), irme a casa con la información y escribirlo a máquina o en el ordenador para luego imprimirla…

¡Alucinan! Y alucinan porque mientras yo todavía les estoy contando lo de la enciclopedia ellos ya han encontrado en su móvil todo lo que necesitan saber sobre Cristóbal Colón. Los tiempos cambian, de eso no hay duda, y esa inmediatez que disfrutan las nuevas generaciones tiene la ventaja de que disponen de mucha más información (aunque a veces no se si esto es bueno o no) y la desventaja de que necesitan poco esfuerzo para obtener aquello que buscan y eso se traduce en que tienen poca capacidad para aplazar las recompensas (dado que están acostumbrados a tener lo que quieren prácticamente cuando lo quieren).

Otras de las cosas que han cambiado somos los padres de esta generación. Creo que somos demasiado generosos y damos pocas oportunidades a nuestros hijos/as de “ganarse las cosas”. No recuerdo cuando tuve mi primera raqueta “en condiciones” pero sí que sé que fue después de dar muchas clases de tenis con una raqueta prestada de mi primo y que me la tuve que ganar cortando el césped o limpiando el coche de mi padre los fines de semana.

Hoy en día no sé si damos demasiada oportunidad a nuestros hijos/as de ganarse las cosas y si estamos cayendo en el error de dotarles de equipamiento (ropas, zapatillas, raquetas…) por encima de lo que se han ganado. Yo, personalmente, creo que sí.

Esto, de nuevo, tiene la parte buena de que nuestros hijos e hijas tienen las mejores ropas, las mejores raquetas y las mejores zapatillas para jugar al tenis, pero al mismo tiene una desventaja enorme y es que no les enseñamos a comprender que muchas veces la vida y la
pista te va a obligar a “aplazar la recompensa” y que no es todo “lo tengo porque lo quiero” o “me lo dan porque lo quiero”.

Una de las cualidades que de manera invariable aparece en todos los deportistas de éxito es precisamente esto, el que han aprendido desde pequeños que para conseguir algo primero se lo tiene que haber ganado y además no con pequeñas tareas si no con esfuerzo y dedicación. E incluso aprender que, a veces, aún trabajando puede que algunas cosas ni siquiera las consigan.

Al no enseñarles a aplazar la recompensa lo que estamos fomentando es la frustración tanto dentro como fuera de pista “como no tengo lo que quiero cuando yo quiero entonces me enfado”, “como no he ganado ese punto/juego/partido que quiero pues entonces me enfado porque la recompensa la quiero ahora y si pierdo el punto/juego/partido ya no quiero trabajar más para conseguirla luego”.

Otro aspecto importante es el de aprender a crearse sus propias oportunidades, es decir, que entiendan que ellos y ellas tienen que ser los que trabajen para conseguir sus recompensas y que no son los demás los que tiene que trabajan por ellos para conseguir sus propias recompensas. Es decir, que entiendan que se lo tienen que ganar ellos y que no se lo tienen que dar regalado.

Si entrenamos/educamos a nuestros hijos en estas dos ideas:
1. Aprender que no todo se consigue de manera inmediata y que a veces hay que trabajar duro hasta conseguir aquello que queremos. Y que el resultado, a veces, solo se ve después de mucho trabajo, de intentos, de fallos y de fracasos.

2. Que ellos y nadie más (a lo mejor con el consejo o la ayuda de un mayor, pero nada más) son los responsables de ganarse sus recompensas.
Conseguiremos jugadores y personas con una enorme tolerancia a la frustración, mucho más perseverantes, bastante más resistentes a las dificultades y focalizados en lo que depende de ellos y en encontrar las soluciones que les permitan seguir avanzando y focalizados en la consecución de sus objetivos incluso cuando no lo consiguen de manera inmediata.

Y eso, es lo que de verdad diferencia a los que saben competir y no saben competir en pista y lo que trabajamos e inculcamos en cada uno de nuestros jugadores/as porque es lo que les permiten mantener focalizados en su objetivo incluso cuando la recompensa tarda un tiempo en llegar.

Vicente Cuairán
@vicentecuairan

Director de TennismindMethod – Empresa especializada en el entrenamiento mental de
jugadores de tenis.
www.tennismindmethod.com

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