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El mejor Máster del tenis se aprende en la pista by Carlos Valle

Carlos Valle debuta como columnista de industriadeltenis.com. Entrenador Nacional Nivel 1 y graduado en las Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, en esta columna de opinión hace repaso a su labor como entrenador tomando como punto de partida sus referentes profesionales.

Hace unas semanas, de camino a casa después de terminar la jornada en la academia donde trabajo, la Pancho Alvariño Academy, pensé en escribir este artículo. Me sentí muy afortunado de haber conocido a muchos profesionales dentro del mundo en el alto rendimiento del tenis en mis últimos cuatro años.

¿Por qué no escribir un artículo con pequeños detalles que he podido aprender de muchos y diferentes entrenadores en el día a día para que otros entrenadores jóvenes y no tan jóvenes puedan tenerlos en cuenta? Pese a que cada entrenador es diferente, tiene su filosofía de trabajo particular, su forma de actuar y de ver el tenis desde su punto de vista, he podido coger muchas cosas de cada uno, tanto dentro como fuera de la pista, así que aquí van unas pinceladas de muchos de ellos con la palabra profesionalidad como factor común.

Desde que en 2015 empezase mi periodo de prácticas postuniversitarias en una de las academias más importantes de tenis en Europa, supe que había escogido el mejor sitio posible para empaparme de tenis. “Técnica, táctica y actitud” era el lema de la prestigiosa Tenisval, donde desde el primer día me recibieron sus directores Pancho Alvariño y José Altur con los brazos abiertos y desde el primer entrenamiento que pude ver la profesionalidad y las razones por las que jugadores de todo el mundo venían en exclusiva a entrenar ahí.

Como siempre ha tenido presente mi mentor tenístico Pancho Alvariño, el buen entrenador de tenis no es solo lo que aplica y se entrena en pista, sino ese entrenamiento invisible externo a ella que rodea a los jugadores y que viene en buena parte influido por el entrenador. La base
de los buenos es el conocimiento para hacer las cosas lógicas dentro de la pista, de entrenar cada golpe y situación de juego. Pero la otra cara es el día a día fuera o dentro de la pista, el trato con el jugador, el cómo decir las cosas y el cómo transmitir lo que se dice. Debido a que muchos de los jugadores con los que he trabajado rondaban e incluso superaban mi edad cuando empecé a trabajar en la academia (22 años), me di cuenta de lo que cuesta ganarse el respeto de los jugadores, el mantener una distancia intermedia entre el ser autoritario y firme con lo que mandaba hacer y el buen ambiente con los jugadores, que no es nada fácil. Todavía tengo presente los consejos de Alex Cuellar, preparador físico, maestro y amigo que tanto me enseñó.

El respeto y la admiración por parte de los jugadores que los años y el trabajo le han dado a los buenos entrenadores es proporcional a la energía que ellos siguen teniendo pese a llevar en el circuito décadas. “¿Tú quieres ser un buen entrenador de tenis, Carlos?, pues se te tiene que
escuchar hasta en el restaurante del club cuando estés en pista”, “Porque sea top 100 no es perfecto, si estas con él en pista exígele más, no te cortes ni un pelo en decirle que se mueva y que apoye bien, dilo con decisión y hazte de notar”, frases como esas de José Altur que no se olvidan y que grabé a fuego en mi memoria, así como la cero tolerancia a que el jugador no esté dando su 100% de su intensidad posible o que el jugador tenga un mal gesto o falta de respeto al entrenador.

Respeto que como bien me explicó Nacho Beneyto en su día, no se gana llevando a encordar las raquetas del jugador cuando te lo pide, sino que se gana en pista. “El respeto se gana en pista y va creciendo cuando el jugador aprecia que lo que tú le dices y el hace, es efectivo y se
cumple. Ahí cree en ti y se afianza el respeto”. Recuerdo cuando al poco de empezar a trabajar en la academia, Alex Cuellar me dijo que me iba a hacer cargo durante un mes de la preparación física del grupo de las chicas en las cuales había jugadoras con buen ranking WTA y que empezaban a despuntar (Irene Burillo, Isabelle Wallace, Seone Mendez, etc.).

No fue nada fácil al principio, algunas cuestionaban lo que mandaba hacer, les exigía su máximo y no tenía problema en hacerme de notar. Como después de un tiempo me contaron, no estaban acostumbradas a que alguien que las conocía bastante poco, alguien joven y nuevo trabajase de esa forma sin miramiento y, obviamente al principio no era muy de su agrado. Pero poco a poco y con el paso de los días, con trabajo y entrega, su visión fue cambiando y todo fue a mejor. Una de las claves y un consejo que aprendí allí es a no hablar de más, ajustar qué se dice y tener cuidado a cómo decirlo, porque un mal comentario fuera de lugar sobre alguien o cosas externas al tenis puede perjudicarte en la visión de los jugadores o jugadoras.

Ser alguien correcto, no aparentar algo que no se es, y aunque lo seas, tener esa humildad de vivir con los pies en el suelo. Ejemplo tan claro como Rafael Mensua, quien sigue trabajando conmigo codo a codo desde mis orígenes en la academia hasta el dia de hoy y de quien no todo el mundo conoce su pasado y lo que vivió con su pupilo Marat Safín. “Fue bonito ver el proceso, cuando empezamos y Marat era un chaval. Pasamos de ir viajando a Futures, durmiendo en aeropuertos y hostales de cualquier forma, hasta que llego a ser número 1 del mundo y dormíamos en hoteles con habitaciones dúplex, cada uno en la suya”.

Al igual que cada entrenador es diferente, cada jugador también lo es. No solo en la forma de ser o competir, sino en la forma de desenvolverse por la pista. Como Miguel Crespo me comentó una vez hablando sobre la enseñanza de la técnica, “cada jugador es diferente, cada jugador tiene una forma de coger la raqueta, una empuñadura más abierta o más cerrada y una forma de moverse. Los jugadores no son robots y no tenemos que cambiarle su tenis a menos que no sea efectivo. Muchos entrenadores se empeñan en cambiarle el tenis a sus jugadores para parecerse a otros jugadores cuando este es efectivo”.

Cuantas veces habré escuchado las dos palabras mágicas en situaciones difíciles con las jugadoras por parte de Alavariño: “Mano izquierda, mano izquierda con las jugadoras y paciencia”. Pues en este mundo del tenis la paciencia y el entender el jugador es tan importante como la disponibilidad de viajar y organizar entrenamientos, tal que así, los buenos entrenadores y los líderes “son los primeros en llegar y los últimos en irse a casa”.

Energía, profesionalidad, humildad, exigencia, paciencia, respeto y sensatez. Un cocktail de características que los buenos entrenadores que he podido conocer tienen en su vocabulario tenístico día a día en el trabajo.

Por mi parte, desde ese primer día y hasta hoy, sigo vinculado al tenis de competición trabajando junto con grandes profesionales como Pancho Alvariño, Beatriz García Vidagany, Rafael Mensua y Miguel Maeso de los que sigo aprendiendo día a día. Qué hacer, como hacerlo y cuando hacerlo. Verlo, entenderlo, aprenderlo y aplicarlo, el mejor master del tenis es el que se vive y se aprende en la pista.

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