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No queda sino batirnos. Columna de Opinión de David Castelló

«— No queda sino batirnos.
— ¿Batirnos contra quién, don Francisco?
— Contra la injusticia, la maldad, la envidia y la ignorancia »
(El capitán Alatriste).

Desde que me dedico a la enseñanza del tenis, y ya son más de 30 años, me he esforzado en obtener todos los títulos formativos posibles. De esta manera, he cursado tres niveles de la Escuela de Maestría de la Federación Española de Tenis, todos los niveles del Registro Profesional de Tenis, y no hay ningún año en que no asista a un congreso o me matricule en algún curso formativo o de reciclaje.

Lo que no sabía en el año 2016 es que iba a hacer un MÁSTER EN SUPERVIVENCIA en el Club de Tenis Peñasol, un complejo de restauración y banquetes con 6 pistas de tenis. Así que retrocedamos en el tiempo para entender la situación.

Tras firmar un acuerdo de alquiler por 10 años con el nuevo gestor del club, lo que no sabía es que este gestor iba a ser una de las personas más incompetentes que me he encontrado en esta profesión hasta el punto de hundir definitivamente el club un año y medio después de la firma. No contento con esto, abandona el club sin informarme siquiera. Para colmo, al deber este gestor unas cifras astronómicas de luz y agua, me deja  abandonado en el complejo hostelero sin estos suministros al ser cortados ambos por las compañías suministradoras.

Es el 10 de marzo y me queda media temporada por delante, con una situación en la que los alumnos han abonado el curso y con el compromiso de dar trabajo a los entrenadores que están bajo mi cargo. Armándome de valor, decido tirar para adelante, y como diría Wayne Dyer en “El cielo es el límite”, cuando se plantea la necesidad de defender la vida, la reacción natural y espontánea es ir resolviendo la situación día a día, minuto a minuto o segundo a segundo. El pasado y el futuro se esfuman. La única base para la supervivencia es el presente. Es así como vamos resolviendo las diversas situaciones que se nos fueron planteando:

– AGUA: ante la falta de agua, decidimos utilizar una bomba de achique y un grupo de presión para el suministro y trasvase de agua de la piscina del club a las pistas de tierra batida.

– LUZ: ante la falta de suministro de luz, utilizamos unos generadores portátiles que nos ayudaron a que las pistas tuviesen iluminación por las noches.

– COMIDA Y BEBIDA: ante la falta de cafetería y bar en el club, llegamos a acuerdos con las cafeterías de alrededor, e incluso con servicios de comida rápida que nos suministraban lo que pedíamos en cuestión de minutos.

VIGILANCIA: en el polígono industrial donde se ubicaba el club eran frecuentes los robos, por lo que organizamos turnos de vigilancia nocturnos, e incluso dimos alojamiento en el lugar a personas sin hogar, que nos ayudaron increíblemente en esta situación.

– JARDINERÍA Y LIMPIEZA: al igual que en la vigilancia, todos colaboramos en estas tareas, e incluso la gente sin hogar a la que alojamos, muy agradecidos, nos ayudaron muchísimo.

De esta manera y con estas soluciones, conseguimos llegar a fin de curso e incluso organizamos un Campus de Verano en julio y un torneo federado en ese mes. Habíamos llegado a meta y era momento de buscar nuevos horizontes, y todo nuestro esfuerzo fue recompensado al encontrar un nuevo club que nos acogió con las puertas abiertas: Masía Tenis Club.

Han pasado dos años desde aquello, y todo lo que nos pasó nos hizo más fuertes, y si ya valorábamos las cosas entonces, ahora las valoramos aún más: encender un interruptor y que se encienda la luz, abrir un grifo y que salga agua…

La experiencia, lejos de ser traumática, fue muy enriquecedora ya que aunque hubo gente que se bajó del barco, algo que sucede frecuentemente cuando un navío naufraga, lo cierto es que la inmensa mayoría siguió con nosotros de una manera solidaria y valiente.

Y ahora, cuando nos reunimos de vez en cuando para cenar, recordamos con nostalgia, con unas sonrisas amplias y siempre con unas risas gigantes aquellos momentos en que realizamos un MÁSTER EN SUPERVIVENCIA EN TENIS. Y es que el humor es otra de las armas con las que el alma lucha por su supervivencia.

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