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El ‘sello español’ en el Camp Towanda by Dani Gil

Dani Gil es el director del Camp Towanda en Estados Unidos, donde lleva ya trabajando seis años con diferentes funciones. En esta columna de opinión, hace una radiografía de lo que es su trabajo allí. Un español en el corazón de América.

Ya son seis años los que llevo a las espaldas dando clase en Estados Unidos. Llegué con la idea de cambiar de país y dejar España ya que la escuela que coordinaba pese a doblar en tres años su número de alumnos dependía del ayuntamiento de su localidad y no me pagaba durante meses. Luis Mediero, presidente del RPT me recomendó ir a Camp Towanda y en tan sólo dos semanas allí me hicieron subdirector. Trabajando bajo la dirección de Robert Edwards toda una auténtica institución allí.

Año tras año mis competencias aumentaban llegando a dirigirlo en los últimos años. Ahora puedo sentirme orgulloso de haber dado un cambio de 360 grados al departamento. Rotaciones coordinadas entre todas las pistas, clases adaptadas a los diferentes niveles y grupos, torneos adaptados, juegos grupales, grupos homogéneos en clases con máximo tres alumnos por pista, circuitos divertidos y diversos, reuniones continuas con el staff intentando que cada profesor aporte lo que pueda, pero lo que me pareció más importante era que los alumnos cuando llegaran a las pistas supieran a lo que venían… a divertirse, trabajar y aprender.

Trabajar en un país como Estados Unidos es una experiencia un tanto particular. Los americanos son bastante cuadriculados a la hora de organizar. Hacer un organigrama a menudo se presupone como la tabla de los 10 mandamientos, es decir, algo inquebrantable y en ese sentido, en muchos momentos fue cuando el carácter español -acostumbrados a trabajar con lo mínimo y sacarnos las castañas del fuego constantemente- les sorprendía.

Recuerdo que el primer día que llovió, hablé con el dueño del campamento para instarle a trasladar el material y las redes de minitenis al campo de hockey cubierto y así poder seguir con las clases de los más pequeños. En un primer momento me miró con cara de incredulidad. Tardó un poco en darme el sí, pero después anunció delante de todo el campamento que el departamento de tenis tenía ideas brillantes que ayudaban al campamento a mejorar.

Otro día, coincidiendo con Wimbledon y con las pistas de tenis impracticables por la lluvia cogimos bolas viejas y nos fuimos al campo de soccer, era la excusa perfecta para enseñar la volea y mandar un mensaje… aquí no se para de trabajar. La cantidad de coches de golf que se pararon a la altura de nuestros jugadores fue tremenda estupefactos por lo que ahí estaba ocurriendo.

Esto dio lugar a los mejores números económicos del departamento de tenis y, en palabras del dueño, al mejor departamento de tenis de los casi 100 años del prestigioso campamento. Creo esencial que el profesor de tenis debe adaptarse al sitio en el que está y si busca cambiar ciertas cosas, debe hacerlo con mucho tacto y demostrando las cosas con trabajo. Las palabras se las lleva el viento, lo único que vale en esta industria es trabajar, la seriedad, la motivación y las ganas de mejorar.

Durante los años que llevo dirigiendo el departamento grandes profesionales han pasado por sus doce pistas, me acuerdo de Carmelo Pacheco, Rubén Rubio, Roberto Navarro, Pedro Sabatell, Marta Ferrer, Rodrigo García, Nano Justo, Pablo Cabrera y muchos otros…

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